Desintoxicación hepática y orgánica

El hígado es la glándula más grande que poseemos y su correcto funcionamiento tiene una repercusión amplia en todo el organismo. Este órgano vital filtra la sangre venosa cargada de todo lo que se absorbe en los intestinos, los pulmones y la piel, cumpliendo una función desintoxicante y purificadora fundamental.

El hígado por sí mismo no manifiesta  dolor si necesita especial atención pero sí que lo podemos intuir cuando el cuerpo manifiesta síntomas como digestiones pesadas, gases con mucho olor, cacas pastosas y anaranjadas, cansancio, piel amarillenta u opaca, dolor de cabeza recurrente, uñas y pelo débiles, dificultad en la cicatrización de  las heridas, etc. Todos estos síntomas pueden estar indicando que la capacidad desintoxicante de este órgano está limitada por un mal funcionamiento, lo cual conlleva a que las sustancias nocivas presentes en la sangre no se eliminen correctamente. Por tanto los agentes tóxicos se irán acumulando dificultando aún más la acción de desmantelamiento que ejerce el hígado, bloqueando en muchos casos el sistema de drenaje de la bilis y pudiendo contribuir a la formación de cálculos biliares en la vesícula, lo cual perjudica finalmente al proceso digestivo y de absorción de los nutrientes.

El hígado, además de captar las toxinas que circulan por el torrente sanguíneo, las neutraliza y facilita su eliminación evitando que se acumulen y puedan dificultar otras actividades fisiológicas que, directa o indirectamente, están relacionadas con la funcionalidad hepática.

Las consecuencias pueden afectar a distintos órganos y tejidos sin que estén aparentemente relacionados con este sistema.

Por ejemplo: cuando la comida del estómago llega al duodeno, se mezcla primero con la bilis y los jugos pancreáticos, pero la presencia de cálculos biliares puede reducir en gran medida su disponibilidad, dificultando la capacidad y la funcionalidad de las enzimas pancreáticas para digerir carbohidratos, proteínas y grasas. Algo que, a su vez, impide al intestino delgado asimilar correctamente los componentes nutricionales. Una mala absorción debido a la falta de bilis, que es necesaria para que se produzca de forma adecuada la digestión, puede manifestarse con diarrea, pérdida de peso y déficit de absorción de vitaminas liposolubles como la vitamina A, D, E y K.

Por otro lado, las comidas que no han sido digeridas correctamente tienden a fermentar y descomponerse en el intestino grueso acarreando molestias, tales como: dolor abdominal, náuseas, pesadez, ardor, estreñimiento y flatulencia.

 

La depuración hepática específica consiste en realizar una alimentación de forma equilibrada pero teniendo en cuenta ciertos aspectos que van a apoyar la mejora de la función hepática.

La depuración dura unas 3 semanas y consiste en tener presentes los aspectos que desde la dietoteràpia energética de la Medicina Tradicional China, se tienen en cuenta para tonificar el Qi de hígado. Se hace uso de las plantas medicinales que ayudan a desintoxicar y a mejorar la función hepática, caldos, jugos de verduras y frutas para no crear un pico de glucosa en sangre, disminuimos el consumo de grasas para no sobre estimular la producción de bilis en el hígado y favorecer la depuración, ejercicios de Qigong, etc.

 

Depurar e hígado permite:

  • Ayudar al organismo a eliminar de forma natural los excesos que se han acumulado en el tiempo. Conducirlo hacia el equilibrio, y generar a través de la dieta unos hábitos de vida y alimentación saludable que permitan perder peso y mantenerlo en el tiempo.
  • Asegurar los nutrientes principales que necesita el cuerpo. Una dieta no excluyente con suficientes hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales, probióticos y fibra para asegurar una buena salud.
  • Elegir los alimentos más adecuados que aporten estos nutrientes de manera más ligera y equilibrada. Por ejemplo, las proteínas vegetales como legumbres o tofu son una opción más adecuada para depurar, ya que tienen menos grasa saturada y sal (sodio) que la carne o el pescado.
  • Excluir totalmente los hidratos de carbono no es sostenible. A corto plazo, durante la dieta, tenemos deseo de dulce constante y cambios de humor por las bajadas y subidas de azúcar. En cambio, poner en las comidas principales cantidades pequeñas de cereales integrales de grano entero como el arroz integral, rico en fibra e hidratos de carbono de absorción lenta, nos puede ayudar a mantener unos niveles de azúcar en sangre más estables que nos permitan, sin picos de azúcar en sangre, no pasar hambre y sostener la dieta más tiempo.
  • La verdura es la estrella. Es el alimento clave para cualquier dieta equilibrada. Aporta fibra, que es saciante y ayuda a regular los niveles de azúcar y grasa en sangre, nutre la flora intestinal, y mantiene un pH ligeramente alcalino en el organismo. Fuente de vitaminas y minerales, se debe cocinar adecuadamente para que no pierda propiedades.
  • La fruta entre comidas puede ayudar a mantener los niveles de azúcar en sangre y evitar llegar con hambre a la siguiente comida.
  • Grasas sí, pero las justas y saludables. La grasa es indispensable para la salud y para que el cuerpo funcione bien. Sin embargo, no hay que abusar de ella para evitar que se acumule y buscaremos siempre las fuentes más saludables.
  • Reducir la sal. No significa cocinar sin sal; significa evitar un exceso de sodio en el cuerpo que nos haga retener líquidos. Si reducimos alimentos de origen animal (carne, embutidos, lácteos) y aumentamos el consumo de alimentos del reino vegetal (legumbres, verduras…), aumentaremos los niveles de potasio en sangre, lo que generará un equilibrio sodio/potasio que hará más fácil eliminar el líquido retenido en el cuerpo. Esto debe hacerse de forma calculada, ya que si nos pasamos, podemos sentirnos débiles, cansados o hipotensos por falta de minerales.
  • Variedad de cocciones y texturas. El cuerpo necesita estímulos variados a la hora de comer que estimulen una buena digestión y que nos hagan disfrutar de comidas variadas y ricas. Además de procurar la cocción más adecuada para que cada alimento preserve el máximo de propiedades, hace que el cambio sea sostenible en el tiempo y nos permite adquirir formas nuevas de alimentarnos saludablemente.
  • Una dieta depurativa puede ser sinónimo de salud y equilibrio y una pauta para adquirir hábitos de vida y alimentación saludables.